Elsa Pilato

¡Sí pudimos!

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La selección venezolana de fútbol lo logró. Después de once partidos oficiales y numerosas caminatas al fondo de las redes para recoger las pelotas de los goles en contra, ¡al fin!, pudo derrotar a Argentina 1 a 0 por las eliminatorias sudamericanas en el mágico escenario del Estadio José Antonio Anzoátegui de Puerto La Cruz. La primera victoria de la historia sobre Argentina.

Otro muro derribado en el crecimiento de nuestro fútbol. Privilegiados y afortunados quienes conseguimos un boleto para estar la noche del martes 11 de octubre en Puerto La Cruz. Más de 40 mil personas vestidas de vinotinto, sonriendo, cantando… se sentía que algo grande podía pasar, algo grande tenía que pasar, se sentía que había llegado la hora de torcer la historia a nuestro favor.

Luego de leer la columna de Miku en Líder, no tengo dudas de cuán importante es para los jugadores ese apoyo del público.

La hinchada, proveniente de toda Venezuela, acompañó los 90 minutos

La fanaticada vinotinto, proveniente de muchos estados del país, no defraudó a los nuestros. Acompañamos los 90 minutos a nuestra selección e hicimos sentir al rival que estaba en territorio hostil. Ni por un momento el público del JAA fue complaciente con la superestrella mundial Lionel Messi. ¡Cuánta diferencia con respecto a años ya pasados! Los cánticos de ¡sí se puede!cada vez que Venezuela atacaba, estremecían los cimientos del estadio, fueron cánticos salidos del corazón, pero también de la convicción y la fe de que efectivamente sí se podía tumbar a uno de los colosos del fútbol mundial.

La próxima sede, creo que será Pueblo Nuevo, en San Cristóbal, tiene un compromiso enorme, porque la hinchada en Anzoátegui puso la vara bastante alta.

¿Qué decir del partido? Venezuela hizo un encuentro espectacular. Concentración absoluta, funcionamiento preciso en todas sus líneas. En Argentina dirán que la albiceleste jugó mal y que a eso se debe la derrota. Yo prefiero decir que Venezuela jugó bien, porque así fue. Al terminar el encuentro, embriagada por el triunfo, no cansaba de gritar: “¿Y Messi jugó? ¡Noooo, no lo dejamos!” Esa frase resume el trajinar del encuentro: Venezuela con sus dos generales en el mediocampo, Tomás Rincón y Franklin Lucena, con el capi Juan Arango tomando la responsabilidad de la ofensiva, con la defensa impecable de Gabriel Cichero, Roberto Rosales, Fernando Amorebieta y Oswaldo Vizcarrondo, hizo imposible que Argentina desarrollara su juego. ¡Fuimos superiores! Se puede decir con todas las letras y gritarlo con orgullo.

El Super Vinotinto se la comió con su traje

También fuimos afortunados, Doris, Vanessa, Giuseppe y yo, porque el golazo de Fernando Amorebieta (responsable, dicen, de haber tumbado la plataforma de Blackberry de este lado del mundo)se produjo justo frente a donde estábamos ubicados. Mejor visión imposible. Cierro los ojos y veo la pelota entrando a la red, rememoro el movimiento de Amorebieta –el hombre nacido en Cantaura, Anzoátegui, qué cosas tiene la vida- para cabecear el balón segundos después de que Juan Arango usara su zurda, una vez más, como varita mágica y encantara la pelota para que llegara a su feliz destino.

Con los ojos abiertos también veo ese momento y tantos otros del partido. Más felicidad, imposible, después de tantos años de espera, nos merecíamos estar ahí, nos merecíamos la victoria. Cuando César Farías se refirió a César Baena y todos los goles que se comió, yo, y muchos, muchísimos más, nos sentimos identificados, porque nosotros también nos los comimos con Guacharaca. Pero eso ya pasó. Nuestro fútbol es otro y el mundo entero ya lo sabe.

Organización
Luego de narrar la parte feliz, solo quiero decir que en este país no suceden desgracias en espectáculos masivos solo porque Dios es grande y al parecer nos tiene un cariño superespecial. Lo que hizo Solid Show con el público fue terrible.

Abrieron las puertas del estadio a las 5 de la tarde, a sabiendas de que el público que no poseía entradas VIP, la mayoría, no tenía entradas numeradas y estaba haciendo una larguísima cola desde temprano bajo un sol implacable y sin siquiera unos bañitos portátiles alrededor.

Mucho desorden para entrar, muy poco control de seguridad, un solo acceso para miles de personas. Alguien me dijo: “Aquí siempre es así”. Pero por qué tiene que ser de ese modo, por qué la empresa que se encargó de la boletería junto con las autoridades no tomaron medidas para que el público estuviera seguro y cómodo durante el ingreso al estadio.

Nosotros, felices

Tan laxos eran los controles de seguridad que más de uno ingresaría sin entrada, como le pasó a mi amigo Giuseppe. Una vez pasado el primer “control”, en medio del gentío que se empujaba, mi amigo perdió el boleto. Todos pensamos que no lograría ingresar al estadio, puesto que venía el control donde picaban el boleto, pero ¡qué va!, pasó sin ningún rollo. Suerte para nosotros, qué fortuna, pero al mismo tiempo vaya falta de organización y seguridad.

Chorosaurio
Después del juego fuimos a comer a uno de los árabes del Paseo Colón, creo que el sitio se llama El Palacio de Amir. Nos sentamos adentro. Guindé la cartera de mis binoculares, y por supuesto con ellos adentro, en la silla que tenía a mi lado que estaba vacía. En un momento en el que seguramente nos distrajimos viendo Meridiano TV, pasó un choro y se llevó mis binoculares.

Me habían acompañado desde 1998 en partidos de fútbol por varias partes del mundo y conciertos. Recuerdo que los compré en Pablo Electrónica, junto con un televisor portátil, y lo pagué por cuotas.

Hasta Puerto La Cruz llegó su historia conmigo. Es probable que los hayan malvendido a 100 bolos.

Por cierto, el dueño del local no nos prestó la más mínima atención, ni siquiera hizo la finta pues, cuando le notificamos el hurto que ocurrió adentro de su propio local, en sus narices porque nuestra mesa estaba cerca de la caja, y nos afectó a nosotros, sus clientes. Sabemos que no podía haber hecho nada, pero debería interesarse un pelín más, al menos pedir disculpas y mostrar interés, y ni siquiera por nosotros, si es que no le importa, al menos por él mismo, puesto que estos hechos pueden afectar la prosperidad de su negocio.

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Una respuesta

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  1. Excelente reseña, Elsa. Y después de ese triunfo, no podía ser otro el final que el robo de algo. Nada extraordinario en esta tierra de gracia, y acostumbrados, como estamos los venezolanos, a los malos momentos y a las malas noticias. Pero eso no va a empañar ese hermoso recuerdo que tienes del partido y del gol del glorioso Amorebieta.

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    Soraya

    octubre 13, 2011 at 11:15 am


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