Elsa Pilato

Felicidad y orgullo vinotinto

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Treinta años esperando una alegría como ésta. Sí, tengo 39, y más o menos ese es el tiempo que yo, como tantos otros, esperamos para al fin ver a la selección venezolana conseguir un resultado de trascendencia: ¡estamos en las semifinales de la Copa América, invictos!

Hace quince años ni podíamos soñar que esto sucedería. Hoy, no sólo lo soñamos, sino que tenemos convencimiento en las posibilidades de los nuestros, en el trabajo serio y comprometido que han venido desarrollando bajo los mandos de César Farías, y repetimos, gritamos, desde el corazón y la razón que ¡sí podemos!

Una gran Copa América para Venezuela. Inolvidable. Un equipo trabajador, obrero, humilde, en el que cada cual sabe cumplir el rol que le corresponde y se entrega a esa tarea con concentración y responsabilidad.

César Farías, a quien he criticado, hasta insultado como muchos, quien me cae mal, ha hecho historia al frente de la vinotinto. Ha logrado hitos importantístimos dirigiendo a la selección,  y nadie puede quitarle méritos a su desempeño. Sería muy mezquino.

El equipo todo ha tenido una gran Copa América en Argentina, pero destaco a dos hombres: Tomás Rincón, nuestro caudillo del mediocampo, quien fue expulsado de forma injusta anoche y no estará en el juego de semifinales, por su criterio a la hora de cortar el juego contrario y dar salida al propio y su liderazgo en el campo y comportamiento intachable fuera de él, y el capitán Juan Arango, tantas veces insultado y criticado por “frío” y sin carácter, y que en este torneo lo ha entregado todo, muchas veces sacrificado en labores defensivas y en otras ocasiones mostrando su faceta más brillante, su pegada de pierna izquierda, sutil y precisa, convertida en asistencias de gol para sus compañeros.

El miércoles no tenemos nada qué perder. ¡Vamos hacia adelante muchachos, vamos vinotinto! Otra gran cita con la historia nos espera, y ojalá que nuestro fútbol siga creciendo, que este magnífico e histórico resultado de 2011, sirva no sólo para abrazarnos, saltar y sonreír por el resultado, sino que los que dirigen las estructuras de nuestro fútbol también crezcan, maduren y empiecen a trabajar para corregir los fallos del andar de nuestro balompié  y a construir bases sólidas desde el fútbol menor. Si eso no pasa, de nada valdrá haber luchado tanto, de nada valdrá esta alegría, como bien lo dice el profe Cristóbal Guerra, el gran camiseta 10.

Esta Copa América tiene que ser el inicio del camino que fortalezca a nuestro fútbol en todas sus instancias.

¡Vamos vinotinto! ¡Siempre contigo!

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