Elsa Pilato

El oso negro

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Caminaba por las adyacencias del Cuartel San Carlos.

Los edificios a mi alrededor eran sólo ruinas, incluido el viejo cuartel, pero había jardines, fronteras con zonas boscosas, cuyo intenso verdor y esmerado mantenimiento contrastaba con las ruinosas infraestructuras.

No había acera, sino un camino de tierra, angosto. Luego de bordear el cuartel, el camino se empinaba y las ramas de los árboles hacían un efecto de túnel que dejaba al cielo fuera de la vista.

Un potente sonido emitido por una bestia negra me hizo girar la cabeza hacia mi derecha. Un enorme oso tiraba de la reja que lo mantenía cautivo en el casi caído edificio. Pensé que en cualquier momento se soltaría y aceleré el paso.

De pronto me hallaba en una especie de galería de tiendas y ya no era yo, sino Toque-de-queda, aunque yo veía todo como si estuviera dentro de su cuerpo (Aclaratoria: Toque-de-queda no tenía el cuerpo de John Malkovich).

Caminaba a un metro por encima del suelo, era una sensación placentera pisar el aire. Me dirigí a un grupo de personas que se encontraban sentadas en una mesa, me estaban esperando. Había un niño, una mujer y un hombre, tal vez sus padres, todos sentados, y un hombre mayor que tenía una tiza en la mano y escribía números en un pequeño pizarrón. Me senté. No me ofrecieron nada de beber ni comer, fueron directamente al grano. Querían dinero. Al parecer Toque-de-queda, o sea yo misma, era rico.

El niño debía ir a una competencia de ajedrez, la competencia internacional de jóvenes maestros o algo así, que sería en Barquisimeto. Ellos querían financiamiento para todo el equipo de ajedrez. No lo dijeron explícitamente en ese momento, se suponía que yo estaba al tanto. Me pasé la mano por el mentón y noté que raspaba, no me había afeitado. Mis interlocutores me miraban, especialmente el niño que tenía los ojos muy negros y poco inocentes, esperando una respuesta.

Al final dije que les daría los pasajes y la estadía, que buscaran un hotel cómodo y barato. El hombre de la tiza subrayó en la pizarra la palabra Conde, ya habían escogido el hotel.

Me iba a levantar, pero la mujer me detuvo y quiso saber cómo era que yo me había ganado 200 millones (no especificó de qué) en la lotería. No respondí. Ella insinuó que esos juegos eran amañados y que yo debía pertenecer a una mafia o algo así que me hizo triunfar.

Me hice el sordo, no valía la pena enredarse en esa inútil discusión. Me levanté finalmente y en ese momento supe que Elsa me estaba recordando.

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Written by Elsa Pilato

marzo 14, 2008 a 10:50 pm

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