Elsa Pilato

Un viaje en el tiempo a una mesa del llano venezolano

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Compartí en Rutas Golosas algunas de las muchas historias de mi mamá Diamora y mi prima Bruma de la vida en el campo de Jobo Marquero, cercano a Valle de la Pascua, en el estado Guárico, allá por los años 50. Las costumbres y los mitos alrededor de los alimentos, la preparación e ingesta de las comidas, las tareas y responsabilidades de los niños, aún a corta edad, y las alegrías por las pequeñas cosas de la vida, que son las más importantes al final de todo. Son hermosas memorias familiares que espero este texto contribuya a preservar.

Un viaje en el tiempo a una mesa del llano venezolano / por Elsa Pilato — Rutas Golosas

Written by Elsa Pilato

julio 6, 2016 at 8:35 pm

Volvió la vinotinto

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vinotintoRecuerdo a Rafael Dudamel con 14 años contestando al periodista de RCTV con mucha claridad y cierta arrogancia apenas terminado un partido de uno de los recordados mundialitos que se jugaban en los ochenta. Ya a esa edad demostraba madurez, liderazgo y seguramente sus ambiciones en el fútbol estaban muy claras. Cuando lo nombraron seleccionador nacional en medio de la crisis de resultados y los problemas entre jugadores y dirigencia, pensé que ninguno mejor que él para rescatar a los jugadores del bajón anímico y de confianza, y renovar las ilusiones de la gente.

Los amistosos previos a la Copa América Centenario 2016 nos dejaron con dudas, sobre todo por los reiterados problemas en defensa y para crear ocasiones y concretarlas. Pero bastaron dos partidos oficiales para volver a encontrarnos con un equipo que demuestra en la cancha su convicción de que puede competir contra cualquier rival, decidido, y con el poder del colectivo por sobre todo lo demás.

Las diferencias internas que agitaron tanto el período de Sanvincente parecen haber quedado apartadas. Se nota la serenidad, y las declaraciones de los jugadores hacen énfasis en ello, que ha aportado al equipo el nuevo técnico. Se siente en el equipo el influjo de un motivador y líder nato, más allá del estilo, siempre al frente, al ataque, del “jugar bien”, que ya ha demostrado la selección de Dudamel. La mano de Rafa y la calidad técnica y la fantasía que abunda entre los centrocampistas ofensivos de la actualidad, me recuerda esta selección a la irreverente de Richard Páez.

La alegría ha sido inmensa por dos victorias no esperadas, sobre todo la segunda contra el multicampeón de América, Uruguay, y una clasificación a cuartos de final que al menos yo ni soñaba. Todo lo que consiga Venezuela en los dos partidos que siguen, al menos dos más jugaremos, será ganancia. Espero que sigamos alcanzando nuevos hitos, acumulando más momentos históricos para nuestro fútbol pequeño, sí, pero que exhibe unas ganas tremendas de trascender y de alegrar más que nunca a un país triste. Aunque sea por 90 minutos nos olvidamos de tantos problemas, solo queda decir gracias.

¡Es por ti, Venezuela!”

Siempre contigo, vinotinto del alma.

 

 

Written by Elsa Pilato

junio 10, 2016 at 8:19 pm

Hoy tampoco lloverá

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sequíaQuería esperar a que cayeran las ramas humeantes del árbol, pero decidió irse. Pronto sería el momento, mejor evitar problemas, ya había gastado mucho tiempo mirando el fuego propagarse por el monte cobrizo.

El árbol fue el primero en arder. Le pareció que el tronco, con su último aliento, le daba la bienvenida a las llamas, se doblegaba sin lucha, vencido en su posición libre de trincheras.

Mientras el fuego avanzaba hacia lo que antes fue la copa, lo miró como otras tantas veces lo había hecho al caminar por la orilla de la carretera: como el despojo de una época de claros y verdes, palabras y ruidos. Suspiró al verlo ansioso por al fin terminar con la agonía de la sequedad, por despedir cualquier posibilidad de reverdecer.

Antes de marcharse desplegó las palmas hacia arriba, empujó el recuerdo que asomaba en su memoria: la abuela lo llamaba, en ese entonces por su nombre -nadie en aquellos tiempos, cuando todavía llovía, lo conocía como Toque-de-queda-, le pedía ayuda para tender la ropa. Era una tarea simple para un niño, pasarle los ganchos mientras ella aguantaba las piezas en la cuerda. Aunque no hubiera nubes a la vista, antes de ejecutar la labor la abuela siempre colocaba las manos en dirección al cielo para comprobar que no llovía. En una ocasión le preguntó por qué lo hacía.

– ¿No ves? No está lloviendo.

– Nunca se sabe.

– Nunca se sabe… – murmuró. Abrió la bolsa negra que llevaba consigo y acarició la caja forrada con papel periódico que guardaba en el fondo, debajo de otros objetos.

Caminó por la orilla de la carretera, solo por costumbre. Con la hora tan cercana, hubiera podido hacerlo por el medio de la vía sin correr ningún peligro. Ya todos los habitantes estarían en sus casas, también los vigilantes en casetas y torres, esperando.

Cuando sonó el timbre del reloj, apuró el paso, quedaba poco tiempo y todavía tenía que andar un par de kilómetros hasta la entrada del pueblo. Le molestó recobrar de pronto conciencia de las sensaciones rutinarias: pies calientes, medias adheridas a la piel, gotas de sudor bajando por la espalda.

Deseó correr para liberarse del hastío de la certidumbre: lo que seguiría era igual a hoy y a lo anterior, horas y días encadenados de penumbras y silencios, salpicados de algunas palabras imprescindibles para sobrellevar la vida.

Su deseo quedó en suspenso cuando la bolsa crepitó al pasar una ráfaga de viento. Se agachó para esquivar un remolino de cenizas, entonces divisó la estela centelleante de la motocicleta. La esperó. Los dos guardianes se apearon.

– Toque-de-queda, como siempre vagando antes de la alarma. Hoy estás muy lejos, ¿qué tal si no logras entrar en el último segundo?

– ¿Vieron hasta dónde llega el fuego? – les preguntó con una voz que, sin proponérselo, le salió igual que en un día pasado, cuando el fuego era novedad y todavía importaba que arruinara las alfombras verdes que cubrían los cerros.

Las carcajadas de los tipos lo rociaron de saliva pintada de tabaco, retrocedió unos pasos, apretó el asa de la bolsa y empezó a correr. El asfalto desnivelado por el desgaste provocó que cayera apenas unos metros después de su huida. Inmóvil esperó en el suelo a que lo rodearan con la motocicleta. La sal del sudor que se desprendía en cascadas desde su cráneo, hacía que parpadeara repetidas veces, pero contuvo la tentación del movimiento, mejor adivinar la escena con los ojos entrecerrados que darles más motivos para usar sus porras.

Liberó la bolsa de su mano. Uno de los hombres fue vaciando el contenido, separando los objetos: esto sí, esto no, como si estuviera completando un álbum de cromos. Al llegar a la caja, levantó la vista hacia el otro, la balanceó entre sus manos, tanteando el peso, rasgó el papel periódico dejando un reguero de frases desmembradas en el piso. Apenas la abrió, sus cejas se levantaron y con la fuerza de un lanzador de jabalina la arrojó hacia el monte chamuscado.

– ¿Qué fue eso?

– Este está loco de remate – contestó señalando a Toque-de-queda, aún quieto. – Vámonos.

Apenas arrancaron, Toque-de-queda corrió a rescatar la caja, y sin parar siguió corriendo hacia el pueblo, hacia su casa. La brisa tibia entre su camisa lo alivió del susto que sentía por la posibilidad de perder la caja.

Llegó al callejón unos minutos después de la alarma, ya se había quedado a oscuras, las ventanas estaban cerradas y las cortinas bajadas. Hoy los vecinos no lo habían esperado para cerrarlas a su paso que puntual coincidía con el sonido de la alarma y el corte de energía. Estarían preparándose para cenar a la luz de una vela que apagarían pronto, sin quejarse ni hacer planes.

Esperaba que el pequeño retraso, uno de los pocos en su récord, no acabara con la fama con la que se había ganado su apodo. Era lo único que lo distinguía del resto. Todos los días llegaba al filo del toque de queda, siempre a salvo de los vigilantes que pasado un tiempo largo sin poder cazarlo durante la hora prohibida, habían dejado de intentarlo y de apostar quién lo atraparía.

Los ojos del gato sentado en el techo lo guiaron hasta la puerta de su casa. Adentro en medio de la oscuridad observó la figura de su abuela en la mecedora frente al televisor apagado.

– Te traje un regalo, abuela. – Le acercó la caja destapada.

La anciana encendió la vela. Advirtió una pizca de brillo en sus ojos.

– ¿Un paraguas? ¿Para qué si hoy tampoco lloverá?

– Nunca se sabe…

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abril 1, 2016 at 12:08 pm

Publicado en Cuentos

La última broma del Chico

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serieLa última broma del Chico. Frase que se repitió mucho aquel febrero de 2006 cuando de forma mágica los Leones del Caracas, equipo campeón de Venezuela, dejaron en el terreno a los dominicanos del Licey para coronarse campeones invictos de la Serie del Caribe, jugada en Valencia y Maracay. (Carrasquelito había fallecido meses antes, y su recuerdo estuvo muy presente en aquellas dos finales que ganó el Caracas hace una década, la de la LVBP y la del Caribe).

A casi diez años de aquella noche, 7 de febrero de 2006, me dio por buscar los correos que compartí entonces con mis amigas cofrades.

Comparto en este espacio el que mandé al día siguiente, el 8 de febrero, eufórica.

El fantasma de la Calle 35 no podía fallarnos. Convertido ahora en fantasma de la Regional del Centro, Alfonso “Chico” Carrasquel, sopló con fuerza el elevado de Henry Blanco para acabar de una manera inesperada, ridícula, absurda, tragicómica con el juego de anoche: la bola golpeó en la cabeza al campocorto dominicano y el Caracas se coronó campeón al dejar en el terreno al poderoso Licey.

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febrero 4, 2016 at 8:31 pm

Otro domingo de gloria

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leonEl 29 de enero se cumplieron diez años del campeonato número 19 de los Leones del Caracas en la liga profesional de beisbol venezolano. La temporada 2005 – 2006 nos trajo el ansiado título, la espera había sido muy larga, once años, por eso celebramos en grande, y al menos yo lo tengo como mi campeonato favorito.

Comparto un correo que escribí a mis amigas cofrades, el 30 de enero. En esa final, les escribía un correo tras cada juego a mis amigos y familiares. Releyéndolos me impresiona mi convicción, mi absoluta certeza de que seríamos campeones aquel año. Así de especial fue ese campeonato.

30 de enero de 2006

Los Leones de 2005-2006 son los Leones del milagro, los Leones que se sobrepusieron a todos los contratiempos, los Leones que dieron por muertos en la ronda eliminatoria y en el round robin…

Muchas veces flaqueamos, muchas veces pensamos durante esta temporada, especialmente antes de la salida de Omar Malavé, que no llegaríamos ni a comernos las hallacas, muchas veces añoramos los gloriosos días de Baudilio, Vitico y Armas. Pero el Caracas es el Caracas y le demostró al mundo, una vez más, que la  historia, la tradición, la garra y el corazón también ganan campeonatos.
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febrero 4, 2016 at 8:26 pm

La magia de las obleas

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Mi colaboración para el portal Rutas Golosas

La magia de las obleas / por Elsa Pilato

No recuerdo la fecha exacta ni quién era el rival, pero sí que era uno de esos juegos de domingo que ya no existen, cuando se jugaba pelota antes del mediodía en el Estadio Universitario de Caracas. Fue mi amiga Yadira quien me llevó por primera vez al parque para que supiera lo que era ver a los gloriosos Leones del Caracas en vivo, ahí enfrente, cerquita, y disfrutara el juego en carne y hueso.

Éramos estudiantes universitarias, pero nos las arreglábamos para comprar sillas en palco, arriba de la cueva de Leones. No eran tiempos hiperinflacionarios, se entiende. La combinación verde y ladrillo del campo, el cielo azul y el Ávila de fondo que te invade al franquear la boca de la tribuna, me embelesó aquella mañana, tal como lo sigue haciendo ahora, más de dos décadas después.

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noviembre 30, 2015 at 7:35 am

¿Volvió La Cenicienta?

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La selección de fútbol bajo el mando de Noel “Chita” Sanvicente sigue sin rumbo. Los jugadores no terminan de entender la idea futbolística del técnico y eso como es obvio se refleja en la cancha y en los resultados, muy negativos en todo el ciclo, pésimos en el comienzo de las eliminatorias: 4 victorias, 1 empate, 11 derrotas, 16 goles a favor y 33 goles en contra, según cifras publicadas por el periodista Eliézer Pérez (@perezeliezer).

En La Paz salió derrotada (el tercer juego perdido en fila en el comienzo de las eliminatorias mundialistas), otra vez siendo superada ampliamente por el rival, una Bolivia en uno de sus peores momentos futbolísticos, tanto que nuestra selección, pese a su desarticulación, falta de marca y creación de juego, pudo hacerle dos goles para maquillar el resultado final 4:2. Leer el resto de esta entrada »