Venezuela 5 – Bolivia 3
Ganarle a Bolivia en casa era una obligación. La vinotinto no podía fallar y no lo hizo. Sacó la garra que le faltó en otros juegos y se llevó el triunfo.
El partido fue muy entretenido. Con dos equipos urgidos de tres puntos se jugó de forma muy abierta y así lo refleja el marcador.
Tres veces estuvo Venezuela abajo y tres veces empató. Faltando pocos minutos para el final, apareció Maldonado con su picardía y su talento para darle el gol del 4:3 a Venezuela y sellar el triunfo con el quinto tanto.
Ahora tenemos 6 puntos en 4 juegos. Las mismas unidades que teníamos a estas alturas en las eliminatorias pasadas. Lo que viene no es nada fácil. Uruguay en Montevideo no va a permitir otro Centenariazo. Ya dio un aviso con el revolcón que nos propinó en la Copa América (4:1).
El camino al Mundial es largo y empinado para Venezuela. Por eso, la tan nombrada irreverencia debe volver, debe regresar. No tenemos nada qué perder. ¿Un octavo puesto en Sudamérica? Gran vaina. Nuestro fútbol no tiene nivel para clasificar a un Mundial. Hemos mejorado, pero no tanto. Sin embargo, tenemos talentos indiscutibles que pueden hacer la diferencia si vuelve la irreverencia.
¿A qué me refiero? Me refiero a que le pongamos bolas en cada juego, así sea contra Brasil o Argentina. Que ese corazón vinotinto que salió anoche, emerja en cada juego de estas eliminatorias. No podemos salir felices después de perder como perdimos contra Argentina en casa. Trasladamos el balón, lo tuvimos y más nada. ¿Eso es jugar bien? No lo creo. Había que hacer respetar la localía de otra forma y ojalá que lo hagamos en los juegos que vienen. Aunque perdamos, al menos que sea dejando verdaderamente todo en la cancha y no que salgamos derrotados con agradecimiento porque “sólo nos hicieron dos” o echándole las culpas al árbitro. Eso sí es de perdedores, eso sí es perder.
También la irreverencia debe permitir que gente con Vallenilla y Ricardo Páez no sean más titulares en nuestra selección. Ricardo Páez ha sudado la vinotinto y ha tenido días de gloria con la nacional, pero no está jugando bien, hay otros en mejores condiciones y, además, da rabia que tenga el puesto asegurado. Es el único vinotinto que llega a la concentración sabiendo que no debe ganarse un puesto.
Con la irreverencia se le debe seguir danto titularidad a jugadores como Rosales, Seijas, Lobo, Maestrico, Miku, Morales… Hay que buscarle relevo a Miki y Pájaro. A Cafú no se le acaba la racha con la vinotinto, es imprescindible.
Hay mucho por hacer y mucha irreverencia por demostrar, atreviéndonos más. Y sobre todo falta inyectar humildad. Empezando por el técnico, el señor todopoderoso Richard Páez.
Anoche confirmó con sus palabras que se cree poco menos que un Dios. Hay que agradecerle, ha pasado a la historia, sin duda. Pero eso no nos quita el derecho a la afición de criticarlo, de hacer sentir nuestro malestar. Páez habla como si Venezuela estuviera encaminada a una clasificación segura, el típico “eso está listo” del arrogante venezolano, está convencido que está haciendo las cosas de maravilla y que sólo él tiene la razón.
¿Dónde va a jugar la vinotinto? Ya Páez rompió con Mérida y con Caracas y anoche con Pueblo Nuevo porque mostró su enfado por el cambio de Seijas que era uno de los mejores en la cancha. “Saque a su hijo, saque a su hijo”, gritaban los gochos enfurecidos. Ricardo David debió ser el primer cambio. Sólo después de aquellos gritos lo sacó y metió a Lobo Guerra, quien sí hizo la diferencia anotando el 3:3.
La gente de Meridiano TV también merece un comentario. Debe ser que tienen miedo de criticar a Páez, no vaya a ser que el técnico les corte el acceso a la información. Lo de anoche no fue tanto como lo del sábado contra Colombia. Se atreven muy poco a criticar a la selección y las decisiones del técnico. El jalabolismo se pierde de vista. Sigan así. Primero los dioses, después los telespectadores.
