La noticia del gato Oscar, el que predice la muerte, es impactante. No deja de sorprenderme aun cuando he tenido gatos y sé lo inteligentes e intuitivos que son estos maravillosos felinos domésticos.
Mi gata Francia, por ejemplo, siempre se enferma de lo que nosotros nos enfermamos. Cuando me operaron la miopía se enfermó de un ojo, cuando mamá se fracturó el dedo de un pie, Francia comenzó a cojear, cuando nos sentimos tristes o enfermos, Francia está más a nuestro lado que nunca y no se despega de nosotros, busca darnos calor con su cuerpecito peludo y roza su cabeza contra nosotros constantemente para que nos sintamos mejor. Y estos son sólo algunos ejemplos.
Para quienes convivimos con gatos -y otros animales, está bien, debo reconocerlo, los perros tienen lo suyo también- es algo cotidiano y ni siquiera reparamos en ello, no nos detenemos a pensar en situaciones como que nuestro gato nos espera en la puerta mucho tiempo antes de que nosotros lleguemos a la casa o que sepa, sin verte, exactamente cuando te sientas en la cama (momento en que deja de llamarte para jugar) y cuando tú crees que puedes engañarlo y te vuelves a recostar, porque son las 4 de la mañana y no son horas de jugar, tu gato vuelve a maullar con el maullido del juego. Todo eso sin verte.
Y tanto más, como cuando saben, porque su “amo” está presente, que es el momento de subirse a aquella cama que ha estado prohibida y a la que no osan encaramarse mientras no esté su humano presente. O cuando hay extraños en la casa y se sientan sobre los bolsos de sus humanos o en las camas como cuidando las cosas. Francia una vez no dejó entrar a mi cuarto a dos de mis primas que habían ido a la casa a cambiarse de ropa mientras yo no estaba. Por teléfono les decía, hey pero cómo se dejan amedrentar por un pequeño animalito y ellas gritaban de los nervios porque mi gata se había vuelto un tigre en defensa de mi habitación.
Todavía recuerdo cuando la tragedia de Vargas en 1999 y como Francia no se levantó de mi cama por días, estaba muy triste porque todos en la casa estábamos tristes, todo el país estaba de luto, y mi gata permaneció echada por días en solidaridad con los humanos.
Son los ejemplos que me vienen ahora a la memoria.