Archivos de la categoría ‘Familia’

El libro

Julio 12, 2007

Atravesé el vestíbulo oscuro y fresco. En el fondo había un viejo ascensor. No lo tomé. Preferí ir por las escaleras. Me detuve en el primer rellano y me asomé por la ventana. Estaba sucia, pero aún así se podía distinguir un hermoso paisaje: pequeñas colinas verdes con casas diminutas de techos rojos. Recordé de pronto algo que me había dicho mi padre sobre los tiempos antiguos en la campiña siciliana.

Seguí subiendo. Me detuve ante una puerta de madera oscura, muy brillante. La habían limpiado recientemente. Se veía. El aire era fresco delante de esa puerta lo que me hacía experimentar una sensación de casi felicidad. No fue necesario tocar. Ellos abrieron. Los conocía, eran mi sangre, aunque su aspecto era muy diferente con respecto a la última vez que nos habíamos visto.

Vincenzo se había reducido al menos 10 centímetros y había engordado. Sin embargo, su rostro lucía más joven que antes y su pelo había vuelto a ser negro. El otro hombre que conocía, aunque no sabría decir su nombre, me sonrío y me señaló un asiento en la mesa de la cocina. Cuando me senté, me dio un abrazo fraternal y me dijo que ya todo estaba listo.

Apareció Rosario con el cabello más rubio que nunca y dijo palabras que no entendí. Sus hijas, hechas niñas otra vez, comenzaron a correr alrededor de la mesa. El hombre del abrazo me trajo un libro. Cuando lo abrió, vi que todas sus páginas estaban en blanco.

Cubiertos

Julio 9, 2007

Era domingo y hacía calor. El sol inundaba toda la casa. No había sitio para nadie más en la larga mesa. Tampoco había suficientes cubiertos para todos los comensales. Decidí tocarle la puerta al vecino para pedirle varios prestados. Una vez en frente de la puerta de madera oscura, sin reja, decidí no tocar. Bajé la manilla y, tal como imaginé, la puerta se abrió. Las cortinas impedían el paso del sol. La oscuridad del lugar contrastaba con la iluminación natural que desbordaba el apartamento contiguo, mi casa. Los latidos de mi corazón me impidieron continuar pensando en luces y sombras. Sobre la mesa de la sala, cubierta por un mantel blanco, se encontraba una cesta de pan. Me acerqué, retiré el paño blanco que los cubría y comencé a sacar tenerdores, cucharillas y cuchillos. Me concentré en darme prisa, pues él no tardaría llegar. Si había dejado la puerta sin llave, era porque andaba cerca. No acababa de terminar este pensamiento cuando apareció. Le pregunté si quería comer con nosotros.

Feliz cumple a mi niña

Julio 2, 2007

¡¡¡¡¡¡¡¡Ya son once años Francia!!!!!!!!!! Feliz cumpleaños mi pequeña amiga peluda.

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Manso

Febrero 13, 2007

Manso está con nosotros desde hace dos semanas. No se dejen guiar por el nombre: Manso no es manso, es un pastor alemán que hemos conseguido para que nos cuide y cuide la casa.
Ya está entrenado, lo cual es una gran ventaja tratándose de un perro. Tiene tres años y ha sido entrenado para ser guardián. Esa es la misión que le fue asignada desde que nació, no sabe otra cosa.
No fue fácil tenerlo en la casa los primeros días. No por él, sino por nosotros. Manso se dedicó a lo suyo, cumple órdenes. Al principio nos pegaba tremendos sustos porque empezaba a ladrarnos muy fuerte apenas salíamos del ascensor, incluso una vez no nos dejó pasar (eso fue el primer o segundo día). Todavía no nos reconocía del todo. Tuvimos que llamar a “Toquedequeda”, el amigo que nos lo consiguió, y poner el altavoz del móvil para que le ordenara a Manso tranquilidad y que, por favor, nos dejara a entrar a la casa.
Eso ya no sucede, por suerte.
También fue difícil acostumbrarnos a ver ese bulto peludo aproximándose a nosotros en las sombras cada vez que nos levantábamos en la noche por alguna razón.
Manso siempre duerme cerca de la puerta de la casa, pero apenas siente que nos movemos o levantamos, corre hacia donde estamos para chequear si todo va bien.
Algunas noches nos hemos despertado y lo hemos sorprendido velándonos el sueño. Su mirada es serena, transmite tranquilidad. Noto que se está encariñando con nosotros… bueno, sobre todo noto que Manso sabe muy bien que es a nosotros a quienes tiene que cuidar.
Salimos cada mañana y cada noche. Ya todos los vecinos nos ven con respeto en el ascensor y en las áreas comunes. También se sorprenden de que recojamos los excrementos de nuestro perro, cosa que muy poca gente hace. Es difícil llevarlo con la correa, es muy fuerte Manso, robusto, pero nos hemos ido acostumbrando y él a llevar nuestro ritmo.
Pronto seremos buenos amigos…

Nota: cualquier parecido con una historia imaginaria, no es pura coincidencia.