Archivos de la categoría ‘Animales’

El rescate

Septiembre 17, 2007

Había comprado las tres películas de The Matrix. Se lo anuncié al perro. No era mío, era de un vecino, de alguien más. El perro me lamió el brazo y lo repelí con un maullido. Me miró sin entender. Una frase vino a mi mente: “los gatos son más poderosos”.

Me llamaron desde abajo. Era Toque-de-queda. “¡Corre, Francia está en el edificio en llamas!” Pensé que moriría. Sentí que toda la sangre de mi cuerpo se situaba en mi frente. Por suerte no me paralicé. Bajé corriendo las escaleras, el perro salió tras de mí.

Toque-de-queda ya no estaba. No hacía falta su presencia, no necesitaba que me dijeran hacia dónde debía correr. Cuando llegué al edificio incendiado, vi a Francia saliendo de las llamas como si nada. Llevaba entre sus dientes una cuerda, la misma que ataba a un burro parecido a Platero.

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Mamita eso sólo sucede en tus sueños, ¿tú crees que interrumpiría alguna de mis siestas para meterme en un edificio en llamas a salvar a… un burro??? Francia.

Toro rojo

Septiembre 13, 2007

El toro rojo de peluche que me regaló hace más de 25 años tía Ángela se había convertido en un animal verdadero. Lo vi atravesando la puerta principal de la escuela Arístides Rojas. En su lomo un muchachito de 6 o 7 años lo guiaba.

Pero no era el único. Otros toros comenzaron a entrar y uno de ellos corrió en dirección hacia donde me encontraba. De todas partes me llegaron voces de alerta y les hice caso. Me tiré al suelo, me cubrí la cabeza con los brazos y traté de quedarme inmóvil.

El toro se quedó a milímetros de mi cuerpo. No lo veía, pues tenía los ojos cerrados, pero sentía su inmensa y jadeante presencia. De pronto, sentí un fuerte dolor en la parte de atrás de mi cabeza. El toro me clavaba uno de sus cuernos. Pensé que la masa cerebral comenzaría a salir en cualquier momento y ahí mismo, en ese suelo frío y desnudo, perdería mi existencia.

El toro se ensañó. No percibía ningún movimiento de ayuda, sólo el líquido caliente brotando de mi cabeza. Hasta que el animal decidió que era suficiente y dejó de hacerme daño. Cuando supuse que se había alejado me incorporé y advertí que estaba completamente sola en el lugar. Todos se habían ido. La sangre seguía saliendo del agujero que me había abierto el cuerno. El dolor era casi insoportable.

Salí de la escuela y me dirigí hacia una colina donde había una casa y parecía haber una fiesta o una reunión. Sabía que Narsa estaba ahí. Al llegar a la puerta, Narsa salió a mi encuentro y me preguntó qué me había pasado en los dientes. No entendí por qué mi amiga me preguntaba por mis dientes cuando venía bañada en la sangre que salía de mi cabeza.

Fui a un baño y en el espejo pude ver como se había hundido, seguramente producto de un golpe, parte de mis encías y mis dientes de arriba. Me espanté ante la imagen, pero no sentía dolor. Pensé que más adelante podía solucionarlo llamando al Dr. 90210. Lo que necesitaba curarme cuanto antes era la herida de la cabeza.

Acudí a una enfermería en un lugar desconocido. El enfermero comenzó a suturarme la herida. Frente a mí había un espejo. Sonreí para ver mis dientes y observé que habían vuelto a su lugar.

¿Y tu gato también siente a la pelona?

Julio 27, 2007

La noticia del gato Oscar, el que predice la muerte, es impactante. No deja de sorprenderme aun cuando he tenido gatos y sé lo inteligentes e intuitivos que son estos maravillosos felinos domésticos.

Mi gata Francia, por ejemplo, siempre se enferma de lo que nosotros nos enfermamos. Cuando me operaron la miopía se enfermó de un ojo, cuando mamá se fracturó el dedo de un pie, Francia comenzó a cojear, cuando nos sentimos tristes o enfermos, Francia está más a nuestro lado que nunca y no se despega de nosotros, busca darnos calor con su cuerpecito peludo y roza su cabeza contra nosotros constantemente para que nos sintamos mejor. Y estos son sólo algunos ejemplos.

Para quienes convivimos con gatos -y otros animales, está bien, debo reconocerlo, los perros tienen lo suyo también- es algo cotidiano y ni siquiera reparamos en ello, no nos detenemos a pensar en situaciones como que nuestro gato nos espera en la puerta mucho tiempo antes de que nosotros lleguemos a la casa o que sepa, sin verte, exactamente cuando te sientas en la cama (momento en que deja de llamarte para jugar) y cuando tú crees que puedes engañarlo y te vuelves a recostar, porque son las 4 de la mañana y no son horas de jugar, tu gato vuelve a maullar con el maullido del juego. Todo eso sin verte.

Y tanto más, como cuando saben, porque su “amo” está presente, que es el momento de subirse a aquella cama que ha estado prohibida y a la que no osan encaramarse mientras no esté su humano presente. O cuando hay extraños en la casa y se sientan sobre los bolsos de sus humanos o en las camas como cuidando las cosas. Francia una vez no dejó entrar a mi cuarto a dos de mis primas que habían ido a la casa a cambiarse de ropa mientras yo no estaba. Por teléfono les decía, hey pero cómo se dejan amedrentar por un pequeño animalito y ellas gritaban de los nervios porque mi gata se había vuelto un tigre en defensa de mi habitación.

Todavía recuerdo cuando la tragedia de Vargas en 1999 y como Francia no se levantó de mi cama por días, estaba muy triste porque todos en la casa estábamos tristes, todo el país estaba de luto, y mi gata permaneció echada por días en solidaridad con los humanos.

Son los ejemplos que me vienen ahora a la memoria.

¡Qué pereza!

Mayo 20, 2007

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El otro día vimos un par de perezas. Cada una de ellas tenía una cría adosada. También es conocido este animal como oso perezoso. En Venezuela simplificamos y lo llamamos pereza. Es muy bello y leeeeeeeeeeentooooooooooooo cuando está sobre los árboles y uno los ve de lejito. De cerca son un poco asquerosos porque hay muchos insectos viviendo en su piel. Eso es lo que me cuenta mi amiga Sepia, yo nunca he visto uno de cerca, sólo en la copa de los árboles.