Si queremos ir al Mundial, debemos ganar partidos como el de anoche. Se pudo haber ganado, pero no se hizo. Claro, también pudimos haber perdido en aquellos últimos minutos de infarto. En ese punto sólo deseaba que se acabara el juego. Temía que pasara lo del juego contra Chile.
No hay que olvidar que jugábamos contra Uruguya, y nosotros somos Venezuela. Pero la celeste es un rival que no nos ha sometido en los últimos años en eliminatorias. En nuestro patio por juegos por el Mundial no nos ganan desde 1996 (por cierto, yo estuve en ese juego en el Brígido). Como siempre queda la sensaciòn de que el resultado pudo haber sido otro, de que pudimos haber hecho más.
Los resultados de la jornada tampoco nos favorecieron. Con 17 puntos y juegos pendientes de visitante contra Chile y Brasil y en casa contra Paraguay y Perú, la cuesta que ya era empinada luce ahora como el Everest.
Es decepcionante que Farías insista en el juego del pelotazo. Para jugar de esa forma se requiere criterio, precisión y contunudencia. Nada de eso tenemos en abundancia cuando jugamos de esa forma. Y nuestros goles llegaron por otras vías: el primer en una jugada elaborada y el segundo con a pelota quieta con un cañonazo de Rey. A la contra con esos pases largos tan estimados por Farías, no llevamos peligro ni una sola vez.
Aún hay vida, hay esperanza mientras las matemáticas lo digan. Veremos cómo termina esta historia.
¡Vamos vinotinto!
Etiquetas: eliminatorias sudamericanas 2010, Vinotinto