Estaba en un hotel, al parecer con mi mamá. Por alguna razón no precisada, me dirigí a mi habitación.
Frente a las habitaciones había un gran salón y había algunas personas reunidas. No había mucha luz, sólo algunas lámparas de luz amarilla estaban encendidas. En lugar de abrir la puerta de mi cuarto, me acerqué hasta donde estaban las personas.
Un hombre, vestido con traje azul oscuro, delgadísimo y de muchas canas, me saludó y me enseñó un pedazo de periódico. ¿Sabes quién soy yo?, me preguntó mientras señalaba un par de nombres impresos en la hoja de periódico (ninguno de los nombres era Jeremy Bentham
) Sí… contesté, aunque no estaba segura. Lo miré otra vez y entonces dije: Ah, tú fuiste quien escribió aquella obra junto con Win Wenders, ¿no? Su respuesta no me quedó clara, pero parece que fue negativa. Él pareció entender que yo le decía que era Wenders y eso lo molestó un poco. Le molestó que no supiera quién era él. Al parecer era alguien muy importante para la humanidad.
Me aparté y entonces me topé con otra persona muy famosa. Se trataba de Isabel Allende. Por alguna razón desconocida, ella me llegaba por la cintura. No sé si estaba sentada en el suelo o era que yo nuevamente estaba flotando. Eso no impidió que comenzáramos a hablar sobre su más reciente obra: un tratado sobre la economía mundial. Después de intercambiar algunas frases, le pregunté: ¿la economía mundial está jodida, no? Sí, me respondió, no hay salvación.
