Archivo de Marzo 2008
Viernes Santo en Villa de Cura
Marzo 24, 2008El oso negro
Marzo 14, 2008Caminaba por las adyacencias del Cuartel San Carlos.
Los edificios a mi alrededor eran sólo ruinas, incluido el viejo cuartel, pero había jardines, fronteras con zonas boscosas, cuyo intenso verdor y esmerado mantenimiento contrastaba con las ruinosas infraestructuras.
No había acera, sino un camino de tierra, angosto. Luego de bordear el cuartel, el camino se empinaba y las ramas de los árboles hacían un efecto de túnel que dejaba al cielo fuera de la vista.
Un potente sonido emitido por una bestia negra me hizo girar la cabeza hacia mi derecha. Un enorme oso tiraba de la reja que lo mantenía cautivo en el casi caído edificio. Pensé que en cualquier momento se soltaría y aceleré el paso.
De pronto me hallaba en una especie de galería de tiendas y ya no era yo, sino Toque-de-queda, aunque yo veía todo como si estuviera dentro de su cuerpo (Aclaratoria: Toque-de-queda no tenía el cuerpo de John Malkovich).
Caminaba a un metro por encima del suelo, era una sensación placentera pisar el aire. Me dirigí a un grupo de personas que se encontraban sentadas en una mesa, me estaban esperando. Había un niño, una mujer y un hombre, tal vez sus padres, todos sentados, y un hombre mayor que tenía una tiza en la mano y escribía números en un pequeño pizarrón. Me senté. No me ofrecieron nada de beber ni comer, fueron directamente al grano. Querían dinero. Al parecer Toque-de-queda, o sea yo misma, era rico.
El niño debía ir a una competencia de ajedrez, la competencia internacional de jóvenes maestros o algo así, que sería en Barquisimeto. Ellos querían financiamiento para todo el equipo de ajedrez. No lo dijeron explícitamente en ese momento, se suponía que yo estaba al tanto. Me pasé la mano por el mentón y noté que raspaba, no me había afeitado. Mis interlocutores me miraban, especialmente el niño que tenía los ojos muy negros y poco inocentes, esperando una respuesta.
Al final dije que les daría los pasajes y la estadía, que buscaran un hotel cómodo y barato. El hombre de la tiza subrayó en la pizarra la palabra Conde, ya habían escogido el hotel.
Me iba a levantar, pero la mujer me detuvo y quiso saber cómo era que yo me había ganado 200 millones (no especificó de qué) en la lotería. No respondí. Ella insinuó que esos juegos eran amañados y que yo debía pertenecer a una mafia o algo así que me hizo triunfar.
Me hice el sordo, no valía la pena enredarse en esa inútil discusión. Me levanté finalmente y en ese momento supe que Elsa me estaba recordando.
Dell, cada vez peor
Marzo 6, 2008Hace un año más o menos escribí en este blog sobre mi calvario personal cuando compré un equipo a Dell a través de Internet.
Más o menos desde noviembre, las entradas a ese post han registrado un aumento importante, pues resulta que los casos de incumplimiento en las entregas de los equipos comprados a Dell y despachados en Venezuela por UPS, al parecer se han multiplicado.
Por lo menos aquel post de hace un año ha servido para que la gente denuncie, se pase datos y se desahogue.
Creo que hay casos muy graves que no deben esperar ni un día más para denunciar a Dell y UPS Venezuela en el Indecu, que es lo único que tenemos los consumidores para que medio nos defiendan. Por lo menos que quede sentada la denuncia.
Ara
Marzo 2, 2008Me encontraba en una tienda kosher. Había mucha gente buscando productos; algunas personas miraban productos o conversaban sentadas en una larga mesa de madera. Una de esas personas era Soraya.
Lo que yo quería era un producto denominado “ara“. Se trataba de un producto en polvo, muy menudo, blanquísimo. Lamentablemente, sólo lo había en su versión mezclada con otros productos.
Jana (por darle un nombre) me explicó que debía usar un tamiz para separar el “ara” del resto de la mezcla. Por alguna razón desconocida el tamiz que me entregó Jana tenía forma de rallo.
Antes de sentarme a la mesa para realizar la separación del “ara“, di una vuelta por la tienda. Me encontré con un profesor de Ingeniería Mecánica a quien no conocía pero se parecía mucho al australiano de American Idol. Estaba explicándole a un joven, quizá un estudiante, algunos de los secretos de… no pude oírlo.
Volví a la mesa y me senté junto a Soraya, quien vestía un suéter negro y parecía no reconocerme.
Comencé la separación del “ara” y advertí que era un proceso extremadamente lento.
Había tamizado un montón de mezcla, pero la cantidad de “ara” extraída era muy pequeña. Jana me tranquilizó diciéndome que sólo necesitaba un dedal de “ara” para hacer una gran comida.





