Mi amiga So envío un correo contando que la ONIDEX la duplicó.
Aquí la historia:
Mi amiga So envío un correo contando que la ONIDEX la duplicó.
Aquí la historia:
Pertenecíamos a una raza de perseguidos. En la ciudad, que se parecía mucho a Villa de Cura sólo que algo más grande, había toque de queda.
Estaba con mi papá en un apartamento bajo y oscuro. Tal vez habíamos apagado las luces. Dentro del lugar, parecía que nos encontrábamos en un apartamento de una ciudad europea, quizás italiana, quizás sancataldesa.
Nos asomamos a la ventana. Afuera también estaba oscuro. No por la noche, sino porque nubes negras aprisionaban la ciudad. Vimos gente corriendo, civiles; militares también corrían, persiguiendo a los inocentes.
De pronto, oímos ráfagas de ametralladora (o cualquier otra arma poderosa, que no sabría definir). Venían del cielo. Vimos cómo atravesaban y destruían una hilera de casas.
Por una razón desconocida me descubrí fuera del apartamento y corriendo entre calles estrechas, esquivando las ráfagas de la muerte que bajaban del cielo. Corría con todas mis fuerzas hasta que llegué al apartamento donde mi papá, asomado a la ventana, me esperaba. Le pregunté por qué nos perseguían y si éramos judíos. Me contestó: no sé y no.